viernes, 7 de septiembre de 2012
El Exorcista, o de la crisis de la Iglesia: El Exorcista.
lunes, 27 de agosto de 2012
Una fría película: Un día para sobrevivir.
domingo, 19 de agosto de 2012
Diálogos de madurez: De Roma con amor.
martes, 14 de agosto de 2012
“Flama Olímpica”: Carros de Fuego.
jueves, 2 de agosto de 2012
“Los Films Contemplativos”: La trilogía de Apu.
martes, 1 de noviembre de 2011
El fantasma de Velasco: Bolero de Noche
El fantasma de Velasco: Bolero de noche, Eduardo Mendoza.
Bolero de Noche: Eduardo Mendoza. La Soga Producciones. 2011. 90 min.

“Del Cooperativismo estatal a la mediocre cinematografía”, así debería intitularse este breve artículo, que pretende comentar –en cuanto sea posible– la última producción peruana estrenada en cines: “Bolero de Noche”.
La estridente movilización nacional que hemos presenciado esta última mitad del año –pletórica de “misturas”, “marcas Perú” y prematuros triunfos de la selección– ha hecho eco también en el terreno del cine peruano. Un cine que, apoyándose en el mérito de galardonadas películas, que irónicamente son producidas enteramente en el extranjero y cuyos directores estudiaron enteramente en aquel continente, ha sido considerado como en su mejor momento. Eso, y una avalancha de producciones mediocres –que amparadas en el número y no en la calidad– ha permitido que muchos críticos autorizados y entendidos en la materia hayan reclamado, una vez más, la consabida cuota nacional en las carteleras y una subvención más sustanciosa para las producciones nacionales. Estando que el fantasma del paternalismo recorre –esta vez– las salas de cine, y apañando una cinematografía que ha devenido de mediocre a intolerable, “Bolero de noche” se ha convertido en el último eslabón de esta ominosa cadena de minucias.
La pauperización del gusto nacional por el cine fue abordada de manera tangencial en el simpático coloquio con Francisco Lombardi, en el ámbito de la última Feria Internacional del Libro realizada en nuestra ciudad; evento en el que irónicamente se promocionó (con la consabida patería de siempre) la película en mención, no sin antes recitar el sonsonete que alude al desamparo de los sacrificados productores y directores nacionales. Sin embargo nadie puso el dedo en la llaga e hizo constar que la baja calidad de las últimas películas peruanas (a excepción de las que se realizan con producción extranjera) se debe a la complacencia de los realizadores al gusto de las grandes masas, las que ávidas del cuerpo de Vanessa Terkes trocarán por un capítulo de “Al fondo hay sitio” una pieza shakespeariana. Una vez más el juicio popular que opta a Barrabás en vez que Jesús, confirmará el viejo axioma: “la demanda afecta a la oferta” y por consecuencia sufriremos un cine que es un remedo de la peor televisión peruana, un cine que en comparación a las producciones de los 70’ y 80’ ha tocado suelo.
Siendo que –pese a los slogans de los amigos de la CONFIEP, Jaime de Althaus y cia.– el asunto no pasa por la plata, es vergonzoso que los realizadores peruanos echen la culpa a la falta de presupuesto y mendiguen ayudas estatales inmerecidas por su pésimo trabajo estético, sin reparar que en las inconsistencias conceptuales y puramente artísticas están sus yerros; aquellos que no se quieren ver por el fácil amoldarse a un gusto sin gusto, el peor gusto popular. Finalmente, si no he comentado en sí a “Bolero de Noche” es que no merece ser comentada”.
lunes, 12 de septiembre de 2011
Un gran suspiro (azul): Los Pitufos
Un gran suspiro (azul): Los Pitufos, Raja Gosnell
The Smurfs: Raja Gosnell. The Kerner Entertainment Company, Sony Pictures Animation. 2011. 102 min.

A pesar que en Europa y EEUU la asistencia a las salas 3D ha decaído tanto como la aprobación a la gestión edil, y ya que las modas en nuestro país parecen estar regidas por el calendario judicial, esta semana no hubo mejor opción que pasar –y de una vez por todas- por el espectáculo tridimensional con ocasión del estreno de Los Pitufos.
Siempre acosados por el -no tan- cruel y malvado Gargamel y su fiel compañero Azrrael, The Smurfs, recrea un capítulo más de la vida de los pequeños suspiritos azules. Contándose entre una de las tantas atracciones infantiles que atiborran la cartelera local, y fuera de introducirnos a algunos personajes más de la historieta y narrar algunos pasajes inexplicables en la vida de estos mágicos seres (tales como su origen mitológico belga, su enigmática conducta sexual y demás extraños hábitos azules), la película no brinda ningún interés y es ciertamente mala. Las representaciones de los personajes no-virtuales dejan mucho que desear. En el caso particular de Jayma Mays –la esposa de Patrick Harris en el film–, una actuación extremadamente infantil deja por default a Pitufina como una candidata al Premio Nobel de Física, consagrando así a la actriz de carne y hueso como un hermoso ejemplar de vegetal anaranjado.
La experiencia que cabe relatar en esta ocasión, tomando por excusa a Los Pitufos, es la visita a una sala 3D. Más allá de lo innovador o divertido que pueda ser someterse a una sesión 3D, resulta obvio que avocarse a este tipo de proyecciones implica restringir el cine a la ficción o el género infantil, pues es evidentemente inútil exponerse a los mareos que causan estos malabares visuales en un drama de buen temple; y es que nadie puede soportar asistir una vez por semana a los “Juegos Mecánicos”.
Más allá de esto, un sutil razonamiento permitirá concluir que la paupérrima cultura cinematográfica en nuestro continente se puede estancar completamente, incorporando de manera definitiva en nuestras mentes el paradigma que el cine es: “mero entretenimiento visual -esta vez funambulesco-, sin ninguna pretensión de trascendencia estética”.
(1/2I Palmas fraternales)


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